Alemania deporta a Marruecos a condenado como cómplice del 11-S

Los ataques terroristas contras las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 cambiaron el mundo. Los terroristas secuestraron cuatro aviones de pasajeros llenos. Estrellaron dos contra el World Trade Center de Nueva York y otro contra el Pentágono. El cuarto se estrelló en un campo en Pennsylvania después de que los pasajeros se enfrentaran a los terroristas. Un herido Estados Unidos lo tomó como una declaración de guerra del extremismo islamista y se lanzó contra Afganistán e Irak.

Parece algo lejano, pero la pista de 11-S de septiembre nos lleva a Steindamm, una concurrida calle del centro de Hamburgo. En una tarde de viento a finales de septiembre, se ve poca gente. Las tiendas venden verduras, caftanes y vuelos a La Meca y Turquía. En el número 103, un restaurante vietnamita sirve sopas Pho y rollitos de primavera. Muchas mesas están vacías, en otras algunos clientes comen un almuerzo tardío.

Todo muy normal. Pero no hace mucho, cuando el número 103 albergaba una mezquita, era una dirección relevante. Fue aquí donde Mohammed Atta y su círculo venía a rezar. Los hombres del 11-S. Las autoridades de Hamburgo cerraron la mezquita hace ocho años, aduciendo que era un “centro de radicalización” Porque fue aquí, en esta cosmopolita ciudad, donde Atta y sus hombres pusieron en marcha el plan terrorista de Al-Qaeda. Uno de ellos, Mounir el-Motassadeq, fue arrestado dos meses después de los ataques. El primer detenido por el caso.

Motassadeq, “un joven agradable”

Llevó más de cinco años de juicios y apelaciones para que Alemania lo condenara: 15 años por colaboración en el asesinato de 246 personas a bordo de los aviones secuestrados. Hizo transferencias bancarias a miembros de la célula de Hamburgo y firmó el testamento de Atta. Motassadeq, entonces de 32 años, nunca negó ser amigo de los terroristas, pero siempre negó su implicación en el 11-S. Desconocía los planes, afirma.

Uno de sus antiguos abogados declara a DW que el caso seguía atormentándolo. Pero no solo por los más de tres mil muertos del 11-S, sino porque estaba convencido de que Motassadeq es inocente. A principios de los noventa se mudó de Marruecos a Hamburgo y estudió ingeniería eléctrica. La gente que le conocía cuenta a DW que era “un joven agradable”, “amable”, “educado” y “reservado”. Durante su condena en la prisión de alta seguridad de Fuhlsbüttel en Hamburgo, no respondió a las solicitudes de entrevista de DW.

DW Special Motassadeq vor seinem Wohnhaus in Hamburg-Harburg (picture-alliance/dpa/U. Perrey) Motassadeq llegando a su casa de Hamburgo en una imagen de 2006.

Pero el autor irlandés Anthony Summers sí entrevistó a Motassadeq para su libro ‘El undécimo día. La historia completa del 11-S y de Osama Bin Laden’. Fue finalista del Premio Pulitzer 2012. Summers nos ha dado acceso a esa entrevista de 2009 en la cárcel, que no ha sido publicada hasta ahora. En la transcripción, Motassadeq se muestra divertido, bromea con Summers y su traductor, y le dice que no se consideraba “particularmente estricto” en sus convicciones religiosas. Sin embargo, sin su fe, dijo, “alguien como yo se habría suicidado”.

No negó pasar tiempo en un campo de entrenamiento militar en Afganistán en mayo de 2000: “soy musulmán y también creo que un hombre tiene que hacer el servicio militar, al igual que aquí” (en referencia al servicio militar, todavía obligatorio en Alemania en ese momento). Asistir a un campo de entrenamiento yihadista no era delito. Y muchos lo hacían. Pero no tuvo nada que ver con el 11-S: “ni siquiera sabía que habían ido a Estados Unidos”, dice, refiriéndose a Atta y a otros de sus hombres en Hamburgo.

Sorpresa ante los ataques

“Primero no podía creerlo”, dijo al enterarse de los ataques. Al ver señalados a sus amigos en televisión la sorpresa fue aún mayor. Llegó a dudar de que no tuvieran a alguien detrás… e incluso de que fueran ellos los autores: “los jueces y fiscales lo cambiaron todo, lo sé, lo vi, lo he vivido, todavía lo estoy sufriendo, sé cómo pueden convertir la verdad en mentira y usar trucos para traer a la cárcel a un hombre inocente”. Diez años de esa entrevista, sigue sin arrepentirse.

Una petición de libertad anticipada presentada por su defensa en 2014 fue denegada por considerarle todavía “demasiado peligroso”. No se ha distanciado de los ataques públicamente, adujeron. “No ha cambiado, sigue siendo el mismo”, explica Daniel Zerbin a DW. Profesor de ciencia criminal, tiene contactos dentro de las agencias de seguridad locales y ha realizado uno de los estudios académicos más detallados sobre la célula de Hamburgo.

Pero ahora, con la pena de prisión casi cumplida, las autoridades alemanas han decidido liberar a Motassadeq, varias semanas antes. Y deportarlo a Marruecos. Con la prohibición de regresar a Alemania hasta abril de 2064, cuando cumpla 90 años. “Esta medida nos permitirá arrestarlo inmediatamente en caso de que vuelva a pisar suelo alemán”, explica a DW Frauke Köhler, portavoz de la Oficina del Fiscal Federal.

¿Una herramienta de propaganda para Al-Qaeda?

Pero nadie espera que Motassadeq intente regresar. Se cree que su esposa y sus tres hijos están en Marruecos con otros familiares. Los expertos están divididos sobre el peligro que podría plantear cuando sea liberado: algunos sostienen que la generación de yihadistas de hoy saludará su liberación con poco más que un encogimiento de hombros, dado que era una figura menor en la celda de Hamburgo. Pero algunos temen que Motassadeq pueda ser una herramienta de propaganda para Al Qaeda y otros grupos radicales.

Phil Gurski, ex analista estratégico de la comunidad de inteligencia canadiense, explica a DW que incluso si Motassadeq se mantiene en un perfil bajo, podría servir como una “figura de propaganda de muy alto nivel”. “Al-Qaeda puede señalarlo como alguien que dio la batalla y al final, debido a su fe y su firme creencia en lo que Al-Qaeda estaba tratando de lograr, no se dio su brazo a torcer, no cedió ante las autoridades, no traicionó a los cómplices de su célula”. Gurski está convencido de que las autoridades le vigilarán de cerca e informarán de cualquier movimiento a los estadounidenses. “Me sorprendería mucho que estos no vayan a estar interesados en él”, dice.

El académico Zerbin no descarta que la administración Trump pueda incluso intentar llevarlo a Estados Unidos. “Todo es posible”, concede. Pero desde Marruecos, uno de los hermanos de Motassadeq se muestra más optimista acerca de su destino: “Dios lo ha protegido durante 15 años en prisión y lo seguirá protegiendo porque es inocente”.

Autora: Naomi Conrad (con contribuciones de Siham Ouchtou) (LGC/)

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