CHARLESTON, S.C.- Tras ganar las elecciones presidenciales de El Salvador en 2019, este carismático y joven político se ha convertido en una figura global, con tintes milenial y de influencer. Nayib Bukele cuenta con una aprobación popular de alrededor del 90% entre los salvadoreños. Sin embargo, también es una figura polémica, amado pero odiado por muchos.
Lo Bueno

Sin duda, el principal logro de Bukele es su gran capacidad para comunicar ideas y su prolífico uso de plataformas digitales. Sus apariciones en TikTok, Instagram y Facebook son tan populares que tiene una amplia base de seguidores tanto a nivel local como internacional.

A través de estas plataformas, ha logrado proyectar efectividad en la reducción de la violencia y el crimen en El Salvador. Con mano dura ha disminuido la influencia de las pandillas delictivas. Las cifras no mienten: en 2019 el índice de criminalidad era de 37%, mientras que en 2022 se redujo a 7,8%.

Otro acierto de Bukele ha sido la inversión en infraestructura. La megacárcel exclusiva para pandilleros, la nueva biblioteca, los Centros Urbanos de Bienestar y Oportunidad, carreteras y otras obras, hacen sentir a los salvadoreños que avanzan hacia el futuro.
Iniciativas innovadoras como la adopción de Bitcoin y la transmisión del certamen Miss Universo, pese a ser cuestionadas, también son puntos a favor. Sin duda, gran parte de los salvadoreños se sienten felices con su gobierno, y eso es positivo.
Lo Malo
Independientemente de su popularidad, el presidente salvadoreño enfrenta serias acusaciones. Sus detractores le señalan como autócrata, violador de derechos humanos y un posible futuro dictador.
Duras críticas provienen de organizaciones defensoras de derechos humanos, que alegan que sus medidas contra las pandillas violentan sus derechos. Además, en 2021 la Sala de lo Constitucional, cuyos miembros fueron nombrados por un Congreso afín a Bukele, dictaminó que podía extender su mandato hasta 2029, a pesar de la prohibición constitucional de reelección continua.

«La democracia está en alto peligro en El Salvador no solo por su repostulación, sino porque esta no constituye una institucionalización de la democracia. Por el contrario, es el caudillo que se lleva todo el poder para sí y el país corre el riesgo de transformarse en una electo-autocracia/ dictadura/ régimen autoritario/ populismo autoritario.
Marta Lagos, Directora de Barómetro Reporte Latino 2023
A juicio de este informe, Bukele ya es un jefe de gobierno que ha roto la integridad de la democracia. Lo que ha hecho no se condice con los DD.HH. ni con su propia Constitución.»
El artículo 152 de la Constitución de El Salvador prohíbe la reelección inmediata de quien ejerció la presidencia los últimos 6 meses. Pero Bukele arguye que esto se refiere a su antecesor, no a él, violando el espíritu constitucional, según expertos.

«La reelección inmediata está expresamente prohibida por seis artículos constitucionales, así como el espíritu de la Constitución de 1983 que estableció un período constitucional de cinco años sin posibilidad de reelección inmediata»
Abraham Abrego, de la ONG Cristosal.
Lo feo
El año pasado, EE.UU. extraditó desde México y capturó a Élmer Canales Rivera, fundador del grupo MS-13. Según el medio salvadoreño El Faro, dos funcionarios de Bukele habrían facilitado la fuga de Canales en 2021: el viceministro de Seguridad Pública y director de Prisiones, Osiris Luna; y el director de Reconstrucción del Tejido Social, Carlos Marroquín, enlace entre el gobierno y pandillas.

Tanto autoridades estadounidenses como la prensa coinciden en que el gobierno de Bukele pactó con pandillas para reducir los crímenes. Pero a finales de 2022 se rompió el pacto y, en represalia, pandilleros asesinaron a 82 salvadoreños.
Estas graves revelaciones siembran dudas sobre los métodos utilizados por Bukele para contener la violencia y su supuesta complicidad con grupos delictivos.
La democracia no debe sacrificarse en aras del progreso
¿Cuál es el precio que una nación debe pagar por alcanzar prosperidad y paz? Sin duda, la democracia y el respeto a los derechos humanos deben prevalecer. Vemos con preocupación que estos principios se erosionan en El Salvador bajo Bukele.
Es cierto que gran parte de la población está satisfecha con los cambios en infraestructura y el renovado sentido de orgullo nacional que promueve Bukele, elementos clave para el desarrollo.
Pero el progreso no puede justificar el deterioro democrático. Bukele avanza por una arriesgada ruta autoritaria con el pretexto de brindar resultados. Los salvadoreños no deben permitir que se socaven sus instituciones en nombre del progreso.
El tiempo determinará cómo se juzgará el complejo legado de Bukele. Por ahora, la defensa de la democracia debe ser la máxima prioridad. Los salvadoreños deben estar alertas y oponer resistencia ante cualquier retroceso en derechos y libertades duramente conquistadas.
