El Fiscal General Alan Wilson presenta el Human Trafficking Report 2025. Foto: Fiscalia General | El Informador.

Columbia, S.- El reporte Anual del Tráfico Humano en Carolina del Sur expone una realidad que avanza en silencio y deja huellas profundas en comunidades urbanas, rurales y migrantes del estado. El documento, presentado por la Fiscalía General, detalla cómo en 2025 se investigaron 315 denuncias que involucraron a más de 300 víctimas potenciales.

La mayoría de esos casos tuvo como eje la explotación sexual y, de manera alarmante, a menores de edad. Las investigaciones se desplegaron en 41 de los 46 condados, lo que confirma que la trata humana no responde a una sola geografía ni a un perfil único.

Greenville encabezó la lista con 35 investigaciones, seguido por Berkeley y Charleston con 30 cada uno, reflejando presión en corredores urbanos y zonas de crecimiento. También figuran Richland, Lexington y Dorchester, áreas donde el desarrollo económico convive con redes delictivas difíciles de detectar.

Un delito que se adapta y se oculta

Del total de denuncias investigadas, el 86 por ciento estuvo vinculado a trata sexual, según el informe anual del grupo estatal. Además, 234 de las 323 víctimas identificadas fueron menores, un dato que redefine el delito como una crisis de protección infantil.

Las autoridades advierten que muchos casos emergen tarde, cuando el daño ya es profundo y sostenido. Este año, el reporte no incluyó datos de la Línea Nacional contra la Trata debido a una transición operativa.

Sin embargo, se incorporaron registros del Departamento de Servicios Sociales y del Departamento de Justicia Juvenil, ampliando el mapa de detección. Ese cruce de información revela que la trata se detecta en escuelas, hogares temporales, tribunales juveniles y entornos familiares fracturados.

Vista general del equipo de tarea en contra del Tráfico Humano en Carolina del Sur. Foto: Fiscalia de SC | El Informador.

El impacto silencioso en la comunidad latina

Aunque el reporte no desagrega víctimas por origen étnico, organizaciones y autoridades reconocen que la comunidad latina enfrenta riesgos particulares. Barreras idiomáticas, miedo a interactuar con autoridades y desinformación legal dificultan la denuncia temprana.

En muchos casos, la explotación se sostiene precisamente sobre ese silencio forzado. En zonas como Charleston, Berkeley y Greenville, donde la población latina ha crecido de forma sostenida, la trata encuentra terreno fértil para cometerse.

Trabajos informales, dependencia económica y aislamiento social pueden ser utilizados por traficantes como mecanismos de control. Para las autoridades, la falta de reporte sigue siendo uno de los principales desafíos cuando se trata de víctimas latinas.

De tal manera el reporte Anual del Tráfico Humano en Carolina del Sur deja entrever que la magnitud real del delito podría ser mayor. La ausencia de denuncias no implica ausencia de víctimas, especialmente en comunidades con estatus migratorio mixto. Este vacío refuerza la necesidad de prevención culturalmente competente y acceso a información en español.

Respuesta estatal y nuevas herramientas

Como parte de la respuesta institucional, Carolina del Sur lanzó en 2025 el Programa de Certificación Safe House para proveedores de servicios. El estado se convirtió así en el primero del país en exigir una certificación especializada para organizaciones que atienden sobrevivientes.

Cuatro entidades ya fueron acreditadas, incluyendo Doors to Freedom, Jasmine Road y Lighthouse for Life. Estas organizaciones ahora figuran en un directorio oficial que permite a víctimas, jueces y defensores identificar servicios especializados.

La medida busca evitar revictimización y garantizar atención adecuada, especialmente para menores. Según el grupo estatal, la certificación eleva estándares y profesionaliza la respuesta.

El Proyecto Safe House brinda apoyo directo a las víctimas del Tráfico Sexual de Personas.

Una lucha que sigue abierta

El fiscal general Alan Wilson afirmó que la trata humana no puede ser enfrentada por una sola agencia ni con respuestas fragmentadas. A su juicio, la coordinación entre fuerzas del orden, entidades sociales y organizaciones comunitarias ha fortalecido al estado.

No obstante, reconoció que el delito evoluciona más rápido que los sistemas diseñados para combatirlo. Concluyentemente, el reporte Anual del Tráfico Humano en Carolina del Sur funciona como advertencia y hoja de ruta.

Los datos confirman avances, pero también revelan brechas profundas, especialmente en comunidades vulnerables como la latina. La lucha continúa, y su eficacia dependerá de visibilidad, confianza y acceso real a la justicia.