En hogares donde hay niños con TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), la escena suele repetirse: el niño se resiste a comenzar, se distrae con facilidad
En hogares donde hay niños con TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), la escena suele repetirse: el niño se resiste a comenzar, se distrae con facilidad. | Noticias El Informador. Foto Crédito: Soupstock

“¡Otra vez la tarea!”. Para muchas familias, esa frase marca el inicio de un momento difícil. En hogares donde hay niños con TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), la escena suele repetirse: el niño se resiste a comenzar, se distrae con facilidad, se frustra rápidamente… y los adultos terminan agotados, también frustrados, sin saber muy bien cómo ayudar.

El TDAH no solo afecta la atención o la actividad física; también influye en la manera en que los niños enfrentan los retos diarios, como hacer la tarea. La buena noticia es que, con algunos ajustes sencillos y una mirada más compasiva, ese rato puede convertirse en un espacio de aprendizaje no solo académico, sino también emocional.

Dividir para avanzar

Intentar que un niño con TDAH se siente una hora seguida a hacer tareas es, en muchos casos, una batalla perdida desde el inicio. En lugar de eso, divide el trabajo en bloques pequeños de 10 o 15 minutos, seguidos de un breve descanso. Esto hace que la tarea parezca más manejable y reduce la ansiedad.

Temporizador: tu aliado silencioso

El uso de un cronómetro visual o auditivo ayuda a marcar los tiempos sin necesidad de estar repitiendo «¡concéntrate!» cada dos minutos. Puede ser un reloj de arena, una alarma en el celular o incluso una canción corta. El objetivo es que el niño visualice el tiempo y sepa que hay un principio y un fin claros.

El cuerpo también necesita moverse

Los descansos activos como saltar, estirarse, caminar unos pasos, permiten liberar tensión acumulada. Estos pequeños momentos de movimiento pueden ser claves para retomar la tarea con más calma y foco.

Respirar para volver al centro

Cuando notes que la frustración se empieza a acumular, proponle una pausa. Una técnica sencilla: inhalar contando hasta 3, exhalar contando hasta 4. Hacerlo juntos no solo regula el sistema nervioso, también fortalece el vínculo.

Celebrar el proceso, no solo el resultado

Reconocer los pequeños logros ayuda a construir motivación. No hace falta esperar a que termine toda la tarea para felicitarlo: un “lo estás haciendo bien” en el momento justo, una estrellita en el cuaderno o permitirle cinco minutos de algo que disfruta puede tener un impacto enorme.

El entorno también enseña

Un espacio ordenado, con pocos distractores visuales y materiales a la mano, facilita la concentración. Evita, en lo posible, que haya pantallas, juguetes o ruidos que lo saquen de su foco.

Tu actitud marca la diferencia

Los niños con TDAH muchas veces son muy sensibles al tono emocional de los adultos. Cuando tú mantienes la calma, incluso en medio de la dificultad, estás enseñando una lección muy valiosa: que los desafíos pueden enfrentarse con serenidad.

Acompañar sin perfección

Ayudar a tu hijo con TDAH no significa resolverle todo, ni exigir que funcione como los demás. Significa estar allí, entender sus tiempos, celebrar sus avances, y recordarle a él y a ti mismo que cada pequeño paso es un logro.

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