Sun Bucks es el programa federal rechazado por Carolina del Sur que provee alimentación a niños durante el verano. Foto: USDA | El Informador.

Columbia, SC. – Carolina del Sur enfrenta riesgo de hambre infantil este verano, ya que se encuentra entre los 12 estados que podrían dejar a millones de niños sin acceso a alimentos esenciales. El programa Summer Electronic Benefit Transfer (EBT), conocido también como SUN Bucks, ofrece $120 por niño para la compra de alimentos durante los meses de vacaciones escolares. Sin embargo, el estado ha decidido rechazar estos fondos federales, lo que pone en riesgo a miles de familias vulnerables.

El gobernador Henry McMaster enfrentó duras críticas el verano pasado por rechazar los fondos sin consultar al legislativo estatal.  Varios legisladores estatales critican esta decisión unilateral la cual dejó a miles de niños en situación de inseguridad alimentaria. Además, esta postura no solo afecta a las familias, sino también a la economía local, que podría haberse beneficiado de la inyección de recursos federales.

Impacto en el Sur de los Estados Unidos

Carolina del Sur no está sola en esta postura. Otros estados como Texas, Florida y Georgia también han manifestado su intención de no participar en el programa. En total, los 12 estados podrían rechazar $1.14 mil millones en fondos federales. Esto contrasta con los 37 estados que, en 2023, usaron este programa para cerrar la brecha alimentaria de 21 millones de niños.

El verano es un momento especialmente crítico para la alimentación infantil, ya que los programas de comidas escolares no están disponibles. Los bancos de alimentos y centros de distribución en Carolina del Sur ya enfrentan una creciente demanda y podrían verse aún más presionados. Crystal FitzSimons, presidenta interina de FRAC, subrayó que «ningún niño debería pasar hambre, especialmente cuando existen soluciones como Summer EBT.»

Cifras que muestran a la población que enfrenta crisis de hambre en Carolina del Sur.

Un problema más allá de la política

A pesar de la falta de reconocimiento general del programa, las encuestas muestran que el público apoya ampliamente su implementación una vez que se conocen sus beneficios. Un estudio de Data for Progress reveló un respaldo bipartidista al programa, demostrando que el hambre infantil es un problema que trasciende las divisiones políticas.

Defensores del programa argumentan que los gobernadores deben priorizar el bienestar de los niños sobre las consideraciones políticas. «Con el aumento del costo de los alimentos, este programa debería ser una prioridad para cualquier estado», enfatizó FitzSimons. Además, el impacto económico de los fondos federales también beneficia a las comunidades locales, fortaleciendo negocios y creando una cadena de impacto positivo.

Un llamado urgente a actuar

A medida que se acerca la fecha límite del 1 de enero, organizaciones como FRAC intensifican sus esfuerzos para persuadir a los líderes estatales de reconsiderar su decisión. Argumentan que rechazar los fondos no solo aumenta la inseguridad alimentaria, sino que también representa una oportunidad perdida para mejorar la calidad de vida de miles de familias.

Carolina del Sur, con altas tasas de pobreza e inseguridad alimentaria, está en el centro de este debate. El rechazo de estos fondos amplifica los desafíos que enfrentan las comunidades vulnerables, dejando a bancos de alimentos y organizaciones benéficas luchando por llenar el vacío.

Congresistas Estatales demócratas durante conferencia de prensa en Enero de este año al exponer la decisión unilateral de McMaster. Foto: Cuenta X de SC Democratic Party | El Informador.

Una decisión que define el futuro

El destino de miles de niños en Carolina del Sur está en manos de los responsables políticos. Los defensores del programa instan a los gobernadores a priorizar el bienestar infantil y garantizar que ningún niño pase hambre este verano. «Las decisiones que tomemos hoy tendrán un impacto duradero en el futuro de nuestras comunidades», afirmó FitzSimons.

El llamado es claro: actuar con empatía y responsabilidad para construir un futuro más sólido para las familias de Carolina del Sur y de todo Estados Unidos. La oportunidad de marcar una diferencia está sobre la mesa, y las consecuencias de ignorarla podrían ser devastadoras para las generaciones más jóvenes.

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