InicioArte y EspectáculoPedro Infante, su presencia sigue viva en México y en América Latina

Pedro Infante, su presencia sigue viva en México y en América Latina

De acuerdo con la gran mayoría de los entendidos en la materia, hasta este momento, el continente hispano-parlante no ha tenido todavía otro ídolo de masas como Pedro Infante Cruz, o Pedro Infante a secas, como se le conoció durante toda su carrera artística.

Ahora bien, a 65 años de su trágico fallecimiento, que se cumplió justamente este 15 de abril,

¿Qué se puede decir de Pedro Infante que no se haya dicho ya?

Y ésa es una conclusión lógica luego de que se hayan invertido centenares de miles de galones de tinta por parte de millares de periodistas –-y no periodistas— que han escrito sobre el actor-cantante, durante estos 65 años de tan luctuosa fecha.

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¿Fue el mayor ídolo popular latinoamericano que haya existido hasta ahora? Eso –expresado al inicio de esta crónica–, no es solamente que ya se haya dicho miles de veces, sino que lo sabe todo el mundo.

¿Que con sus canciones enamoró a los hablantes hispanoamericanos? Igual, porque eso no solamente se ha dicho y escrito, sino que también todo el mundo lo sabe.

¿Que ha sido él un fenómeno musical tan extraordinario que sus discos se siguen vendiendo en México como cuando estaba vivo? También se dicho, y mucho.

De manera, pues, que si hay algo nuevo hoy en relación a este coloso es simplemente la fecha luctuosa: Lo nuevo, en consecuencia, sería que se están precisamente cumpliendo los primeros 65 años de su muerte, este 15 de abril de 2022.

Su deceso

En la fecha antes indicada –15 se abril de 1957–, Pedro se hallaba en la ciudad de Mérida, Estado de Yucatán, México, y se levantó bien temprano porque debía abordar su avioneta C-87 Liberator Express, para dirigirse a Ciudad de México, la capital mexicana, donde residía.

Además de él, subieron a la aeronave el piloto Víctor Vidal, y tres acompañantes más, de los que no se ha sabido por qué también iban en el avión, ni qué relación guardaban con el artista.

Ellos fueron Marciano Bautista, Ruth Rosell y el niño Baltazar Martín Cruz, del que se ignora, asimismo, si tenía algún parentesco con Infante, por el apellido Cruz.

El aparato levantó vuelo poco antes de las 8:00 de la mañana, hora de México, pero, menos de cinco minutos después, se estrelló en las afueras de Mérida, concretamente en el patio de una casa ubicada en la calle 54 sur y 67. Todos los ocupantes de la avioneta perecieron en el acto.

Y aun cuando todos ellos sufrieron quemaduras, el cuerpo de Infante fue identificado gracias a una pulsera que nunca se quitaba, y una placa de platino que le habían implantado en la parte superior de la frente, a raíz igualmente de otro accidente aéreo en el que se había visto involucrado.

Por supuesto, una vez identificado el personaje, la información corrió como candela en reguero de pólvora, y no solamente en México, en donde era ídolo indiscutido, por supuesto, sino también en toda América Latina, que se estremeció por completo al conocerse la impactante noticia, y en donde era  tan idolatrado como en su país.

¿Y por qué tanta idolatría?

Tal podría calificarse como la pregunta de las 64.000 lochas, parafraseando un viejo refrán popular venezolano, pero la verdad es que Pedro Infante fue, más allá que un ídolo popular, todo un fenómeno socio-cultural.

En la década de los años 40 y 50 del siglo pasado, eran dos los grandes colosos de la canción mexicana: Infante y Jorge Negrete, quien era el único que, en ese momento, le hacía peso al primero.

Sin embargo, Negrete había fallecido en 1953, de una afección cancerígena,  con lo cual el camino a Pedro le quedó expedito para empinarse hacia la cima de la popularidad mexicana y continental.

Así, sus películas y sus canciones lo catapultaron hacia esa idolatría que probablemente ni él mismo pensó que algún día llegaría a ostentar.

Valga destacar que, hasta donde tenemos entendido, Pedro Infante nunca estudió formalmente ni canto ni actuación,

Sin embargo, de su canto, ni se diga, pero, además, llegó a tener actuaciones memorables en películas tales como “Nosotros los pobres”, “Ustedes los ricos”, “Dos tipos de cuidado”, “Tizoc” y la que fuera taquillera comedia “Escuela de Vagabundos”, por solamente citar algunos de sus exitosos filmes.

Por cierto, fueron 61 en total las películas en las cuales apareció nuestro artista.

Una voz excepcional

Infante poseía una varonil, pero aterciopelada, bien timbrada y acariciadora voz, con la que cautivó a sus millones de seguidores en México, América Latina y hasta en España.

Grabó poco más de 300 temas, a cuales de ellos más exitosos, tan exitosos que, como se indicó antes, sus discos se siguen vendiendo en México tanto como cuando él estaba vivo.

Valga, de todas maneras, recordar algunas de esas canciones: “Currucucú paloma”, “Ella”, “Amorcito Corazón”, “Nana Pancha”, ”Yo no fui”, “Flor sin retoño”, “La calandria”,  “El mil amores”, “Cartas a Ufemia”, “Parece que va a llover”, “Serenata Huasteca” y “Deja que salga la luna”.

Es bueno señalar –y es algo que muchos venezolanos no saben— que, en la película “Escuela de Música”, Pedro brinda una magistral interpretación de “Alma llanera”, a dúo con otra gigante de la música popular latinoamericana, la argentina Libertad Lamarque, “La novia de América”.

No había cumplido 40 años

Infante murió cuando le faltaban todavía siete meses para cumplir los 40 años de edad, y en plena cúspide de su carrera artística. Había nacido en la localidad portuaria de Mazatlán, el 18 de noviembre de 1917.

Y casi pudiéramos asegurar que, al momento, su popularidad era tan grande que se hallaba lejos, muy lejos, por encima de la de otros tremendos cantantes populares mexicanos, tales como Miguel Aceves Mejía, bien llamado “El rey del falsete”; José Alfredo Jiménez, Fernando Fernández, Javier Solís, quien, en honor a la verdad, estaba comenzando su carrera, y el mismo Pedro Vargas, “El ruiseñor de las Américas”.

Y, aparte de todo ello, lo inesperado de su muerte, y de paso en un accidente aéreo, tal vez contribuyó más aún a hacer todavía más impactante esa tragedia, pues era algo que nadie esperaba que ocurriese.

Porque, en el caso de Jorge Negrete, prácticamente desde hacía ya varios meses, se sabía que en algún momento el cáncer que lo afectó iba a acabar con su vida, por lo que la gente ya estaba mentalizada para ello.

El sepelio de Pedro Infante, al día siguiente de su muerte, constituyó tal vez la más grande manifestación de duelo colectivo habida hasta ahora en el país azteca.

En esta ocasión, no nos resta sino rendir tributo y respeto a la memoria de quien ha sido hasta ahora –y dispénsenos la insistencia.–  el mayor ídolo popular de América Latina,

autor: Reinaldo Gómez

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